Embriagándose de las personas y las cosas
Hoy estuve pensando en los silencios que separan las palabras al hablar, y más aún, las oraciones. Me puse a reflexionar acerca de cómo la mayoría de las veces ésos silencios, ésas pausas, más bien, dicen más que los sonidos de aquello que se dice. Por un lado, la rítmica, la musicalidad del habla. Hagan la prueba, al hablar con alguien abstráiganse de lo que de hecho se comunica, y acentúen la atención en la rítmica de las pausas entre palabras y en la melodía del canturreo del discurso. Inevitablemente, y sin darse cuenta, se van a encontrar interpretando qué es lo que le está ocurriendo a ésa persona al hablar.
Si está conectando consigo misma, si está buscando una especial atención de nuestra parte, si miente, si oculta algo, si cree ciegamente en lo que dice, si repite un discurso aprendido, si está llena de vida o si quiere sacudirlo a uno del propio letargo.
Es sorprendente.
Las miradas de las personas, son sorprendentes.
Hagan otra prueba... tomen como costumbre (aunque sea por un tiempo) sentarse en los asientos del colectivo que miran para la parte de atrás. Y observen las caras de las personas, mírenlas interactuar entre ellas, traten de escribir dos o tres líneas acerca de cómo piensan que son sus vidas. Ya que están, no se olviden de mirar por la ventanilla, sobre todo si es un trayecto que hacen cotidianamente: las cosas se ven muy distintas al alejarse que al acercarse.
Como las personas y las estaciones del año.
Si está conectando consigo misma, si está buscando una especial atención de nuestra parte, si miente, si oculta algo, si cree ciegamente en lo que dice, si repite un discurso aprendido, si está llena de vida o si quiere sacudirlo a uno del propio letargo.
Es sorprendente.
Las miradas de las personas, son sorprendentes.
Hagan otra prueba... tomen como costumbre (aunque sea por un tiempo) sentarse en los asientos del colectivo que miran para la parte de atrás. Y observen las caras de las personas, mírenlas interactuar entre ellas, traten de escribir dos o tres líneas acerca de cómo piensan que son sus vidas. Ya que están, no se olviden de mirar por la ventanilla, sobre todo si es un trayecto que hacen cotidianamente: las cosas se ven muy distintas al alejarse que al acercarse.
Como las personas y las estaciones del año.
